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Esta semana ha sido noticia la aparición en una sartén de una imagen que recuerda a las tradicionales de Jesús. Fue tras quemarse el contenido de la comida que -junto con el aceite- estaba al fuego dentro de la sartén. Ha salido en multitud de medios en papel y digitales. Apasionante, sin duda.
Mientras, hace horas, a un hombre que ha dado su vida por los demás hasta sus 60 años recién cumplidos, pastor evangélico en Málaga, se le partió el corazón predicando; no sabemos si del desgaste o la carga, aunque el cuchillo final fuese una coronaria obstruida. Se llamaba Miguel Rueda. El sí reflejaba el rostro de Jesús, pero no ha salido en casi ningún medio.
Mientras, estos días, hombres y mujeres que dejaron su tierra de origen y su bienestar para acudir a un país del tercer mundo al que le ofrecían su esfuerzo y su trabajo, han sido expulsados de Marruecos porque su fe no coincidía con la culturalmente mayoritaria. Dicen que no la mantenían debidamente en la intimidad ¿Y qué, caso de ser cierto? ¿No tienen derecho a expresar sus ideas, como lo hacen los marroquíes que viajan a países de mayoría culturalmente cristiana en Europa?
Marruecos no sólo ha expulsado en diez días a más de 70 misioneros cristianos. También ha dejado a niños sin orfanato, a familias sin sus casas y pertenencias –por pocas que fueran-, han dejado que se incendiase la injusticia y el rechazo religioso, haciendo aparecer de nuevo la imagen de Jesús en estos cristianos acosados, expulsados, maltratados. Tampoco será noticia en muchos medios.
Mientras, Miguel Delibes ha muerto. A él le estaremos agradecidos los protestantes españoles. Su novela El hereje (junto a la de la apreciada Eva Díaz, Memoria de cenizas) ha sido uno de los pocos éxitos literarios universales que ha tenido al protestantismo español como centro, recordando la memoria olvidada y sepultada de los que reflejaron entre las llamas de la Inquisición el rostro de Jesús. Ya hace José de Segovia en su columna un artículo glosando esta obra del genial Delibes (a la que se une otra menos conocida de Delibes, pero en la que igualmente rescata al protestantismo y denuncia la intolerancia religiosa en España: Cinco horas con Mario).
Necesitamos escritores y periodistas como él, que sepan hablar de lo importante, y callar ante lo banal. Que sean íntegros con sus ideas, pero respetuosos con las de los demás.
Necesitamos menos sartenes quemadas con imágenes religiosas, y más fe en los valores que importan en la vida real. Más personas como Miguel Rueda, como los cristianos expulsados de Marruecos, como Miguel Delibes.
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